CASAS CON HISTORIA
Una finca agrícola en Artà
Cuatro generaciones. Una misma casa.
1934
Cuando se creó el primer catastro de Artà, esta finca agrícola ya aparecía registrada.
Era el año 1934.
La casa
La documentación más antigua sitúa la existencia de esta casa en el siglo XIX.
Formaba parte de una gran posesión agrícola del término de Artà: una construcción vinculada a la tierra, al trabajo diario y a una manera de vivir que marcó durante décadas el paisaje interior de Mallorca.
En 1934, el amo que durante años había trabajado aquellas tierras decidió comprar la casa junto con la explotación agrícola.
Pagó exactamente 5.500 pesetas.
Aquel día comenzó la historia de una familia que todavía hoy sigue viviendo y cuidando este lugar.
Noventa años después, la casa sigue siendo la misma.
No porque no haya cambiado.
Sino porque ha sabido conservar aquello que la hacía reconocible.
Una nueva forma de habitar
Cuando la cuarta generación heredó la finca, no buscaba transformar su identidad.
Todo lo contrario.
Querían seguir reconociendo la casa de sus abuelos.
Sus muros, sus proporciones, sus materiales y esa forma serena de estar en el paisaje seguían teniendo sentido.
Lo que había cambiado era la manera de vivirla.
Las antiguas habitaciones ya no respondían a las necesidades actuales.
También existía mucha superficie construida que, con el paso del tiempo, había perdido su función.
La intervención partió de una idea sencilla: no añadir más, sino entender mejor lo que ya estaba.
Eliminar lo innecesario.
Recuperar la luz.
Abrir la casa sin borrar su carácter.
Devolver amplitud, continuidad y relación entre los espacios, manteniendo intacta la memoria original de la vivienda.
Abrir un doble espacio
Para devolver luz y proporción al corazón de la casa.
Una decisión arquitectónica que transforma la forma de habitarla sin romper con su esencia.
Mantener los materiales nobles
Piedra, cal, barro, madera y hierro.
Materiales honestos, propios del lugar, capaces de envejecer con belleza y de mantener el vínculo entre la casa antigua y la vida actual.
Rajola hidráulica.
La rajola hidráulica se conserva como parte de esa memoria cotidiana que no siempre se ve a primera vista, pero que sostiene la identidad de una casa.
Conservar la memoria
Porque una casa también se construye con recuerdos.
Con gestos heredados.
Con objetos, texturas, sombras y rincones que forman parte de la vida de quienes la han habitado.
«No queríamos que pareciera una casa nueva.
Queríamos que siguiera pareciendo la misma casa.
Simplemente preparada para vivir otro siglo.»
Las casas cambian
La memoria permanece.